miércoles, 29 de junio de 2016

El turismo rural no solo se nutre de los paisajes y la oferta de actividades al aire libre sino también de los pueblos con encanto que albergan el tesoro de su arquitectura y tradiciones.

Es es el caso de la Villa de Mogarraz, un encantador pueblo de la provincia de Salamanca, situado en pleno corazón de la Sierra de Francia, entre las localidades de la Alberca y Miranda del Castañar.

La estratégica ubicación de la Villa de Mogarraz, en la Sierra de Francia lo ha convertido en un punto interesante dentro de esta zona ideal para el turismo rural, un espectacular espacio que cuenta muy cerca con el Parque Natural Las Batuecas-Sierra de Francia y la Reserva de la Biosfera, lo que hace a toda la zona especialmente atractiva para disfrutar de la naturaleza.

La villa de Mogarraz, fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico, junto con otras pequeñas poblaciones de la Sierra de Francia como La Alberca, Mogarraz, Miranda del Castañar, Sequeros, San Martín del Castañar y Villanueva del Conde, de modo que la visita por la zona se hace especialmente atractiva para disfrutar de encantadores pueblos medievales.


Interesante es recorrer las calles de Villa de Mogarraz sobre todo por su estructura urbanística de trama típicamente medieval de calles estrechas y trazado regular, además plazas pequeñas y casas típicas serranas con balcones repletos de flores y fachadas con entramadas de piedra y madera.

Las posibilidades para el turismo rural de toda esta zona son muchas desde los monumentos como la Ermita del Humilladero del siglo XIII, la Cruz de los Judíos, El Calvario, La Iglesia Parroquial y La Torre Campanario, mientras que las propuestas de senderismo existiendo varias rutas como el Camino del Agua que discurre entre la Villa de Mogarraz y Monforte de la Sierra.

Disfrutar de la naturaleza y de los pueblos con encanto como Mogarraz es posible en la Sierra de Francia, además de alojarse en casas rurales con encanto y disfrutar de una escapada de fin de semana conociendo el rico y apasionante mundo rural de España.

jueves, 23 de junio de 2016

Valle de Alcudia

El Valle de Alcudia se extiende al suroeste de la provincia de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha y es un destino perfecto que invita a disfrutar de la naturaleza ya que alberga bosques con árboles centenarios junto a una riqueza paisajística de hermosos parajes que habitan cientos de aves.

Destaca en el Valle de Alcudia la encina milenaria y el roble llamado el “abuelo” un ejemplar señorial que se encuentra en el corazón de Sierra Madrona.

Águilas imperiales ibéricas, buitres negros y cigüeñas negras habitan el Valle de Alcudia, además de otros animales como el lince ibérico, lobo, cabra ibérica que habitan en pastizales y bosques mediterráneos.

Este parque natural alberga las tres manifestaciones de vulcanismo de Ciudad Real una es el Monumento Natural de Los Castillejos Volcánicos de la Bienvenida, el otro es el Monumento Natural Laguna Volcánica de La Alberquilla y el tercero es el Volcán de Alhorín, además, junto al embalse de Montoro están también las Microrreservas de murciélagos de varias especies.


Con veranos calurosos e inviernos muy fríos la mejor época para visitar el Valle de Alcudia es en la primavera y también durante el otoño, donde el tiempo permite disfrutar de los bosques de encinas, robles y jaras, como también olivares, ríos y arroyos, paisajes ideales para descubrir practicando senderismo o en un paseo a caballo, sin olvidar otros deportes como la caza, pesca, escalada, piragüismo y navegación a vela en alguno de los embalses de la región.

Pero el Valle de Alcudia además de su espectacular naturaleza también alberga arte e historia como los yacimientos paleolíticos de la laguna de Retamar que se encuentran en Almodóvar del Campo o las ruinas íbero-romanas de La Bienvenida, conjuntos arqueológicos de los más importantes de la provincia, y numerosas fortalezas, castillos, templos y conventos dispersos en pequeños pueblos de la zona.

Y para un día de relax y descanso nada mejor que una visita al Balneario Termal de Fuencaliente, un magnífico escenario para evadirse, en cuyo entorno abundan los saltos de agua y las cascadas.