Consolidarse como un destino turístico de interior de referencia en todo el país. Ello conlleva un duro trabajo de mejora de los establecimientos que el sector afrontó hace años y que comienza a dar sus frutos en la actualidad.
De hecho, Albacete se ha convertido en un referente del turismo rural ya en toda Castilla-La Mancha ya que es la provincia que cuenta con un mayor número de alojamientos rurales y la que ha hecho una mayor apuesta por la calidad de los últimos años.
Esta apuesta ha sacado del ostracismo a muchos núcleos rurales abandonados durante años, que poco a poco fueron perdiendo población y que han encontrado en el
turismo rural un modo de revitalizar la comarca, generando empleo y consiguiendo retener población en unas comarcas que durante décadas han sufrido una sangría constante perdiendo decenas de habitantes.
Buen ejemplo de ello es que la provincia acapara la mitad de los establecimientos adheridos a la marca ‘Q de calidad’ y, además fue pionera en su implantación en la Comunidad. De hecho, las dos primeras casas rurales adheridas a esta marca de calidad fueron albaceteñas, Villa Turrilla en Nerpio, y Casa Arnelia en la pedanía Los Vizcaínos de Bogarra.
En mayo del 2002 Villa Turrilla se convirtió en el primer establecimiento en conseguir la ‘Q de Calidad’, el selló de calidad que impulsó el Ministerio de Industria, Turismo y Energía, en toda Castilla-La Mancha. «Abrimos nuestra primera casa rural con el manual de calidad en la mano», recuerda Teresa Martínez Sánchez, responsable de calidad y propietaria del complejo de casas rurales ubicada en la aldea nerpiana de Turrilla, junto al río Taibilla y a escasos 500 metros del embalse.
Desde 1997 el complejo ha ido creciendo año tras año y en la actualidad cuenta con siete casas rurales, de las que la ‘Casa Turrilla 2′ es la que cuenta con la ‘Q de calidad’.
Otro establecimiento albaceteño fue el segundo en alzarse con otra ‘Q de calidad’. Es ‘Casa Arnelia’, ubicada en la pedanía bogarreña de ‘Los Vizcaínos’. Cuando se jubiló en 1997, Vicente González y su mujer, decidieron recuperar una antigua casa que desde hacía más de 150 años pertenecía a su familia. «Pensábamos en el
turismo rural como un complemento», reconoce el propietario del complejo de tres casas rurales que ha contribuido a la revitalización de una aldea que hasta ese momento estaba abandonada. «Apostamos por la ‘Q de calidad’ por el prestigio que da la marca, y en cuanto pudimos nos adherimos», recuerda Vicente González.
Muchas exigencias
Y, ¿qué requisitos tiene que cumplir una casa rural para obtener la ‘Q de calidad’? Para poder obtener el sello de calidad, el Ministerio tiene en cuenta todo tipo de cuestiones, desde el tamaño de todas y cada una de las estancias, hasta el equipamiento con que cuenta como la vajilla o el menaje de cocina, pasando por el entorno en el que se encuentra ubicada el alojamiento rural. «La ‘Q de calidad’ no es algo que te den y ya tengas para toda la vida, sino que es una mejora continua», recuerda el presidente de la Federación de
Turismo Rural de Albacete, Víctor Padilla.
Paradojas de la vida, mientras que casas de ambos complejos están avaladas por el Ministerio con la máxima seña de calidad, no ocurre lo mismo con el sistema de clasificación de la Junta, las espigas (semejante a las estrellas en los hoteles, aunque se clasifican entre una y tres espigas), motivado por los diferentes criterios existentes a la hora de los tamaños de las estancias, como explican los propietarios de las casas rurales. Como ejemplo aclaran que entre esas diferencias se encuentra que las habitaciones deben tener más de 16 metros cuadrados para la clasificación por espigas, frente a los entre 11 y 12 que exige la ‘Q de calidad’.
Un dato que refleja esa apuesta clara por el
turismo rural de la provincia es que Albacete concentra el 42% de las casas rurales con que cuenta Castilla-La Mancha y un tercio de las plazas. Así, Albacete tiene 595 casas rurales, de las 1.412 que hay en la Comunidad, y 3.181 plazas en alojamientos de este tipo, 9.852 en la Región.
De las 595 casas rurales existentes en la provincia, 43 cuentan con la máxima clasificación de la Junta, las tres espigas, que suman 302 plazas. También en esto es Albacete la que más casas rurales de tres espigas suma, aunque en proporción sólo supone el 7,2% de los establecimientos (lejos del 22% de los toledanos).
En los últimos años, especialmente desde 2006, el sector ha evolucionado mucho, «porque al principio valía todo, cualquiera que tuviera una casa en el pueblo la arreglaba y ya decía que eso era turismo rural», reconoce el presidente de la Federación de
Turismo Rural de Albacete. De hecho el sector ha visto en la calidad una «necesidad por evolucionar» y ofrecer unos mínimos, «porque del
turismo rural se puede vivir, pero para ello hay que estar preparados y ofrecer una alta calidad».
Salto cualitativo
Tanto ha evolucionado el
turismo rural de la provincia «que no tiene nada que envidiar al de otros lugares de España con más experiencia como Asturias», señala el presidente del sector que recuerda que la demanda en Albacete es mucho más estable que en otros sitios «no es tan estacional». Considera que el
turismo rural albaceteño «está bien posicionado en el mercado nacional» tratando de aprovechar sus puntos fuertes, la naturaleza y el paisaje «porque aunque todavía hay gente que no lo sabe, más de la mitad de la provincia es montañosa con zonas muy poco explotadas y con pueblos con un gran encanto».
«Tenemos unos establecimientos magníficos», reconoce la delegada de Cultura y Turismo, Amaya Villanueva, que asegura que Albacete se está convirtiendo ya en un referente del
turismo rural de interior. De hecho, recuerda que, pese a la crisis, el número de pernoctaciones apenas ha caído en la provincia (lo ha hecho en un 4%).
Aunque ha ayudado a paliarlo esta apuesta por la calidad, todavía no ha acabado con el fenómeno de las casas rurales «alegales», aquellas que no están registradas en ninguna parte, «algo que perjudica mucho al sector porque genera mala imagen, no tanto para el establecimiento, como para el lugar en sí, porque suelen ser lugares que no cumplen con los estándares de calidad que se espera y ocasiona que los clientes hablen mal del sitio», reconoce el máximo responsable del sector.
De ahí que los sellos de calidad sean beneficiosos tanto para el cliente «que gracias a ellos tiene unas garantías del establecimiento, como para el empresario «al que se le establece una metodología de trabajo». Pero pese a los beneficios, tiene inconvenientes, sobre todo por el conflicto que mantiene la Junta con la Asociación Nacional de
Turismo Rural (Asetur) por la clasificación por espigas (el Gobierno regional aplica tres espigas y el la asociación turística cinco lo que genera confusión entre los usuarios), que ha terminado en los tribunales y con la Federación de
Turismo Rural de Castilla-La Mancha (Fecamtur) abandonando la asociación nacional (aunque se ha integrado en otra organización).
Mejores infraestructuras
Además, reclaman a las administraciones más implicación con el mundo rural «porque nosotros nos esforzamos mucho por mejorar la calidad, pero tenemos carreteras muy deficientes», asegura la propietaria de Villa Turrilla. Aunque reconocen que se ha mejorado en los últimos años, piden a las administraciones un poco más de «diálogo» con aquellos que conocen más a fondo el sector, «porque puede haber muy buena voluntad pero se deberían dejar aconsejar por aquellos que mejor conocen las zonas».
Pero aunque importante el trabajo de los últimos años, el reto del sector pasa ahora por seguir apostando por la calidad y por mejorar la oferta turística ofreciendo no sólo alojamiento, sino actividades que poder realizar. Para ello, la Federación de Turismo rural está trabajando ya en un proyecto para aunar los esfuerzos de los establecimientos, de las empresas de turismo activo y los restaurantes «para poder ofrecer paquetes turísticos a los clientes», algo que harán para la primavera.