La crisis económica ha obligado a agudizar el ingenio y apretarse el cinturón, dos factores que, aplicados al turismo, ya empiezan a tener efectos visibles. Mientras los hoteles gallegos están a punto de cerrar un año negro con un 4,1% menos de clientes hasta octubre, los cámpings y establecimientos de turismo rural de la comunidad parecen capear mucho mejor la temida crisis. Y es que lejos de renunciar a las vacaciones, los turistas prefieren seguir viajando aunque haya que prescindir para ello de ciertas comodidades
En época de crisis, ahorrar pero sin dejar de viajar. Esta parece ser la máxima de muchos turistas, que en lugar de renunciar a las vacaciones, prefieren replanteárselas para adaptarse a sus circunstancias económicas. El resultado ha sido un renacer del turismo de mochila y alpargata en Galicia, donde la crisis ha tocado mucho más al sector hotelero que a otro tipo de alojamientos más económicos, como los cámpings y las casas de turismo rural, que pese a la crisis o quizás precisamente por ella han logrado ganar clientes y mejorar sus cifras de ocupación.
Los 553 establecimientos de turismo rural de la comunidad recibieron hasta el pasado mes de octubre 156.100 turistas, un 10,1% más que en el mismo periodo del año anterior. Aunque sin ser un incremento tan acusado, entre enero y octubre Galicia también recibió a 218.513 campistas, un 1,5% más que en los 10 primeros meses de 2008. En el caso de los cámpings, sin embargo, el dato que llama verdaderamente la atención es el de octubre, un mes marcado este año en Galicia por el buen tiempo y durante el que los establecimientos de este tipo que hay en la comunidad recibieron el doble de clientes que en 2008: 1.254 frente a 633.
Esto significa que, en su conjunto, casas rurales y acampamentos turísticos consiguieron ganar un 4,9% de clientes entre enero y octubre al recibir un total de 374.613 turistas frente a las 357.613 personas que se decantaron en 2008 por este tipo de establecimientos.
La otra cara de la moneda, sin embargo, es la de los hoteles, un tipo de establecimiento que se ha resentido mucho más este año tanto por la crisis como por el desvío de potenciales clientes a establecimientos más económicos. En este caso los datos también son de lo más elocuentes ya que los hoteles gallegos perdieron un 4,1% de clientela respecto al año pasado.
No es un dato aislado. Las estadísticas de ocupación del INE revelan una caída similar en todos los indicadores que se utilizan para valorar cómo está el sector. Cae la ocupación -pasando del 35,9% de media el año pasado al 30,14% en 2009- y cae también lo más preocupante: los ingresos.
Para capear el temporal y seguir a flote, los hoteles y hostales gallegos han adoptado sus propias medidas anticrisis, algunas de ellas peligrosas en opinión de la Confederación de Empresarios de Hostelería de Galicia (Cehosga). Las ofertas de última hora, en ocasiones incluso por debajo de los costes de mantenimiento, y los recortes aplicados por algunos establecimientos de hostelería en materia de personal son estrategias “equivocadas”, en opinión de Juan Silva, presidente de Cehosga, que alerta de que se corre el riesgo de rebajar la calidad del servicio.
De hecho, en los 10 primeros meses de este año el personal ocupado en los hoteles de la comunidad también experimentó un notable descenso al pasar de los 7.713 trabajadores de media que tenía el año pasado a 7.345, es decir, un 4,8% menos.
Pero el temor a la crisis también ha afectado al funcionamiento habitual de los cámpings y establecimientos de turismo rural de Galicia, que para no perder clientela han optado, en general, por mantener e incluso rebajar los precios que tenían el año pasado.
“Por primera vez en el sector del turismo rural en Galicia se están haciendo ofertas en épocas que antes se consideraban temporada alta. Si a esto unimos que la ocupación no sube y el consumo de servicios complementarios se reduce, pues el resultado es una facturación a final de mes para el establecimiento muy por debajo de la que se tenía antes”, explica Ventura García, presidente de la Federación Galega de Turismo Rural.
A pesar de que cámpings y casas rurales parecen tener un plus de resistencia frente a los hoteles, sus cuentas de resultados también se resienten. García apunta que la competitividad dentro del sector se ha incrementado y la crisis ha hecho que hoteles de cuatro y cinco estrellas sean hoy por hoy competencia directa para los establecimientos rurales. “Esas ofertas de fin de semana o para familias a 50 euros la noche nos están quitando a parte de nuestros clientes”, argumenta. Y es que en este caso las estadísticas, dice, “son engañosas”, porque suben los viajeros pero se mantiene e incluso baja la ocupación y el gasto medio por turista.
www.laopinioncoruna.es